En mi pecho guardo un ave fénix que renace cada mañana.
En mis manos duermen duendes que en cuanto me despisto crean cosas.
Mi estomago está lleno de gusanos de seda que tras el atardecer romper sus capullos y revolotean en mis entrañas.
Tengo largas alas invisibles que salen de mi espalda y me permiten alejarme y ver otros mundos.
Y sospecho que hablo en algún idioma marciano, por eso no entiendes lo que digo.
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martes, 20 de mayo de 2008
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